REOJOS
VICENTE LUIS MORA
Nació en Córdoba (España) en 1970. Crítico y colaborador en numerosas revistas entre las que se cuentan Archipiélago, Clarín o Quimera, ha publicado entre otros los poemarios Master de Cibervía Ed. (Pre-textos 2000), o Construcción (Pre-textos 2005), así como los ensayos Singularidades. Ética y poética de la literatura española actual (Bartleby Ediciones) o Pangea. Internet, Blogs y comunicación en un mundo nuevo. (F.J.M.Lara) Se trata de uno de los poetas y pensadores más incitantes de la actualidad literaria española.
Has dedicado tu último ensayo publicado, Pangea, a las nuevas formas de comunicación y cultura. Tras escribirlo ¿qué opinas de la relación de la literatura con las nuevas tecnologías?
A este tema dedicaré pronto un par de ensayos breves, pero puedo avanzar que el influjo de las nuevas tecnologías me parece aún escaso en la literatura actual, teniendo en cuenta el que tienen en la vida real de las personas. Vivimos en un país que, a día de hoy, tiene más teléfonos móviles que habitantes, y sin embargo en pocos libros hay móviles, y no digamos análisis de este fenómeno, o de Internet. Es algo esperable en poesía, pero injustificable en narrativa, género siempre caracterizado por ser capaz de reflejar y analizar el tiempo en el que vive.
¿Qué lugar ocupa la poesía en nuestra realidad audiovisual?
Si la pregunta la hicieras al revés, cuál es el lugar de la realidad audiovisual en la poesía, la respuesta quizá fuera más esperanzadora... El lugar que ocupa la poesía en la civilización audiovisual y pangeica es ese anuncio de televisión que dice: “envía poema al 7777” y te devuelve unos ripios insostenibles y cursis (por la parte corta). Eso sí, sus creadores serán de los pocos que ganan dinero con la poesía.
Publicaste otro estudio, Singularidades, en el que denunciabas la existencia de una poesía de la “Normalidad” entendida ésta como la preponderancia de cierto discurso estético y aún “político” en la crítica y en la poesía española de los últimos tiempos ¿Cómo ves ahora la situación, si es que ha cambiado sustancialmente?
Igual por arriba (apoyos institucionales y mediáticos), pero mucho más sana y plural por debajo. Hay una costra de normalidad debajo de la que bulle la vida; creo que no falta mucho tiempo para que el volcán acabe por reventar el cráter.
Hay quien defiende que la posmodernidad, entendida como cultura del espectáculo -parafraseando a Guy Debord-, no es (o no ha sido) más que una estrategia del capitalismo para asimilar cualquier atisbo real de crítica o revolución cultural y social. ¿Qué opinas de ello?
El término capitalismo asimilado a una especie de mente paranoica, conspirando en el Olimpo de las ideas para entronizarse de forma indefinida, me parece poco sustentable. Creo más bien en una triste casualidad, por la que no un Capital sino muchos y muy diversos (y a veces antagonistas) capitales se han encontrado con una situación de confusión intelectual y de declive del pensamiento que ha favorecido mucho sus intereses. El capitalismo no es un principio activo, sino un resultado; no es un agente provocador, sino una teoría descriptiva del funcionamiento de la economía de mercado.
En el famoso ensayo de Kandinsky “De la espiritualidad en el arte” el pintor ruso expone que la mercantilización (o cosificación) del arte produce al fin una reacción contraria, es decir, que es necesario llegar a cierto punto de “hartazgo” cultural para que se generen las sinergias de cambio. ¿Crees que esa lógica que ha sido válida para los dos siglos anteriores puede llegar a serlo también en el futuro?
No hace mucho tuvimos en mi blog una polémica precisamente sobre eso, a raíz de un texto que hice sobre la última edición de ARCO. No creo aplicables con toda exactitud –aunque las cito siempre en lo que son valiosas, y lo son muy a menudo– las tesis de Kandinsky a la situación actual; Kandinsky habla de un mercado del arte de principios del XX, un mercado que reproduce la lógica de las tiendas de ultramarinos, y no la de la globalización económica actual, donde un pujador de Taiwán puede dinamitar por teléfono la subasta de una obra de Picasso. Antes, y cito a Machado para que no se piense que le odio, había también una confusión entre valor y precio, pero era menor y estaba menos extendida que en la actualidad. Había artistas reconocidos, pero no fenómenos de masas. El mercado ha hecho que vuelvan los antiguos talleres de artistas: del mismo modo que Pacheco y otros pintores del XVII tenían pintores a su cargo, que hacían los cuadros que ellos firmaban (para sobrevivir), hoy los jóvenes pintores norteamericanos –y algún español, por lo que tengo oído– tienen varios “negros” que pintan con el fin de que ellos tengan obra suficiente para concurrir a todas las bienales y ferias del mundo, amén de exponer en galerías particulares (para supervivir: para vivir por todo lo alto). No sólo no hay ninguna reacción a esto, sino que los pintores parecen encantados, o por lo menos no denuncian a los que lo hacen (por si acaso pegan el pelotazo y pueden hacerlo ellos). Los escritores somos implacables con el tema de los negros; los artistas plásticos no, o no tanto, me temo.
Has mantenido que las vanguardias no son estáticas en un tiempo determinado sino, por así decirlo, fenómenos work in progress ¿De existir ahora las vanguardias, dónde estarían, o mejor dicho, dónde surgirían?
No hace falta utilizar el condicional: la vanguardia (tal y como yo la entiendo, como la ética de un arte que lucha contra el estado esclerotizado de la estética de su tiempo, y por tanto aplicable a movimientos anteriores, coetáneos y posteriores a las vanguardias europeas de principios del XX), existe hoy día, y tiene bastante buena salud; de hecho, como ha demostrado Nocilla Dream (Candaya, 2006), de Agustín Fernández Mallo, puede llegar a tener éxito editorial y mediático. En poesía hay una serie de nombres que están o estamos haciendo vanguardia (Javier Moreno, el propio Fernández Mallo, Mercedes Cebrián, un seguro servidor), aunque veo más riesgo en narrativa (Ferré, Javier Fernández, Jorge Carrión, Eloy Fernández Porta, Robert-Juan Cantavella, algún experimento de Gutiérrez Solís).
Baudelaire decía lo de “Moverse siempre hacia delante”, pero también lo de “Rescatar lo eterno de lo transitorio” ¿No crees que actualmente se tiende a olvidar lo segundo tan característico, paradójicamente, de la modernidad, en beneficio de lo primero?
En efecto, coincido con Walter Benjamin cuando apunta que lo más revolucionario es desandar lo andado, paralizar ciertos pasos de una situación disparada hacia delante. Lo expongo en Pangea: aquellos anarquistas que disparaban contra los relojes en el XIX, ahora les darían cuerda, porque ya no hay tiempo, sólo un instante globalizado de 24 horas al día. El de progreso es un concepto relativo en nuestras coordenadas, hay que buscar siempre un referente desde el cual hablamos de avance, porque utilizando por sí sola la palabra ha quedado vacua de sentido. Ahora lo eterno es lo transitorio, porque lo instantáneo es inmóvil, y por lo tanto duradero. El Arte (incluyo literatura y artes plásticas en general) de hoy sigue sin reflexionar demasiado sobre esto. Quizá tengamos los Bergson que han señalado la nueva duración, pero nos falta el Proust que la desarrolle. Soy optimista al respecto, no creo que los genios se hayan acabado.
¿Crees que los espacios virtuales de la red, las áreas fronterizas y transitorias propias de nuestro tiempo esperan o demandan un nuevo tipo de poesía?
Por supuesto. Lo creo desde que publiqué en 2000 Mester de cibervía, un libro con errores, que pasó desapercibido porque llegó demasiado pronto: era el primer libro pangeico, aunque ni yo mismo sabía aún qué era Pangea. Los poetas van por delante de los ensayistas, son las antenas de la raza (lo dijo Pound) y llegan antes que la reflexión. Sin embargo, hay ya algunas manifestaciones de hiperpoemas (Ramón Dachs), de nuevas formas expresivas (el Musical Fantasy Light de Luis Ángel Abad), y de proyectos a medias entre lo visual y lo poético, como algunas cosas de Miriam Reyes, por ejemplo.
En nuestra lengua hay un desconocimiento mutuo y alarmante entre la poesía que se hace en Latinoamérica y la que se hace en España, y eso no acaba de cejar del todo, a pesar de los continuos intercambios y colaboraciones entre nosotros ¿Crees que existe cierto riesgo final de una falta de entendimiento entre las dos perspectivas poéticas o precisamente es esa perplejidad la que nos va a enriquecer?
En esto no estoy de acuerdo contigo. En pocos meses han aparecido en España al menos 3 antologías de poetas hispanoamericanos, y dos de ellas incluyen poetas jóvenes. En México nada más se han publicado tres antologías (alguna de ellas, surrealista, y no por la técnica lírica) de poetas andaluces y españoles, con ocasión de la reciente Feria de Guadalajara. Hay un gran interés en ambas orillas por lo que hace la contraria. Es verdad que no son pocos quienes no leen poesía hispanoamericana, pero también muchos ignoran la narrativa norteamericana, la filosofía alemana y el ensayo francés, y eso no parece generar escándalo. Y por lo de la falta de entendimiento no te preocupes: me consta que algún crítico de poesía de los suplementos más conocidos no se entera de nada, ya sea español, hispanoamericano o japonés.
Una pregunta que en “Pata de gallo” vamos a hacer a todos los entrevistados ¿Qué es para ti lo contrario de la poesía?
Lo que no tiene enigma, profundidad o elevación: la normalidad, el realismo ingenuo (los realismos informados sí son poesía), el bingo.
Vicente cuéntanos cuáles son tus proyectos inmediatos.
La publicación de la segunda entrega de mi novela en marcha Circular, una recopilación de ensayos de narrativa contemporánea y textos de mi blog, y alguna cosa más, polémica, que saldrá a su debido momento.
ENTREVISTA
Has dedicado tu último ensayo publicado, Pangea, a las nuevas formas de comunicación y cultura. Tras escribirlo ¿qué opinas de la relación de la literatura con las nuevas tecnologías?A este tema dedicaré pronto un par de ensayos breves, pero puedo avanzar que el influjo de las nuevas tecnologías me parece aún escaso en la literatura actual, teniendo en cuenta el que tienen en la vida real de las personas. Vivimos en un país que, a día de hoy, tiene más teléfonos móviles que habitantes, y sin embargo en pocos libros hay móviles, y no digamos análisis de este fenómeno, o de Internet. Es algo esperable en poesía, pero injustificable en narrativa, género siempre caracterizado por ser capaz de reflejar y analizar el tiempo en el que vive.
¿Qué lugar ocupa la poesía en nuestra realidad audiovisual?Si la pregunta la hicieras al revés, cuál es el lugar de la realidad audiovisual en la poesía, la respuesta quizá fuera más esperanzadora... El lugar que ocupa la poesía en la civilización audiovisual y pangeica es ese anuncio de televisión que dice: “envía poema al 7777” y te devuelve unos ripios insostenibles y cursis (por la parte corta). Eso sí, sus creadores serán de los pocos que ganan dinero con la poesía.
Publicaste otro estudio, Singularidades, en el que denunciabas la existencia de una poesía de la “Normalidad” entendida ésta como la preponderancia de cierto discurso estético y aún “político” en la crítica y en la poesía española de los últimos tiempos ¿Cómo ves ahora la situación, si es que ha cambiado sustancialmente?Igual por arriba (apoyos institucionales y mediáticos), pero mucho más sana y plural por debajo. Hay una costra de normalidad debajo de la que bulle la vida; creo que no falta mucho tiempo para que el volcán acabe por reventar el cráter.
Hay quien defiende que la posmodernidad, entendida como cultura del espectáculo -parafraseando a Guy Debord-, no es (o no ha sido) más que una estrategia del capitalismo para asimilar cualquier atisbo real de crítica o revolución cultural y social. ¿Qué opinas de ello?El término capitalismo asimilado a una especie de mente paranoica, conspirando en el Olimpo de las ideas para entronizarse de forma indefinida, me parece poco sustentable. Creo más bien en una triste casualidad, por la que no un Capital sino muchos y muy diversos (y a veces antagonistas) capitales se han encontrado con una situación de confusión intelectual y de declive del pensamiento que ha favorecido mucho sus intereses. El capitalismo no es un principio activo, sino un resultado; no es un agente provocador, sino una teoría descriptiva del funcionamiento de la economía de mercado.
En el famoso ensayo de Kandinsky “De la espiritualidad en el arte” el pintor ruso expone que la mercantilización (o cosificación) del arte produce al fin una reacción contraria, es decir, que es necesario llegar a cierto punto de “hartazgo” cultural para que se generen las sinergias de cambio. ¿Crees que esa lógica que ha sido válida para los dos siglos anteriores puede llegar a serlo también en el futuro?No hace mucho tuvimos en mi blog una polémica precisamente sobre eso, a raíz de un texto que hice sobre la última edición de ARCO. No creo aplicables con toda exactitud –aunque las cito siempre en lo que son valiosas, y lo son muy a menudo– las tesis de Kandinsky a la situación actual; Kandinsky habla de un mercado del arte de principios del XX, un mercado que reproduce la lógica de las tiendas de ultramarinos, y no la de la globalización económica actual, donde un pujador de Taiwán puede dinamitar por teléfono la subasta de una obra de Picasso. Antes, y cito a Machado para que no se piense que le odio, había también una confusión entre valor y precio, pero era menor y estaba menos extendida que en la actualidad. Había artistas reconocidos, pero no fenómenos de masas. El mercado ha hecho que vuelvan los antiguos talleres de artistas: del mismo modo que Pacheco y otros pintores del XVII tenían pintores a su cargo, que hacían los cuadros que ellos firmaban (para sobrevivir), hoy los jóvenes pintores norteamericanos –y algún español, por lo que tengo oído– tienen varios “negros” que pintan con el fin de que ellos tengan obra suficiente para concurrir a todas las bienales y ferias del mundo, amén de exponer en galerías particulares (para supervivir: para vivir por todo lo alto). No sólo no hay ninguna reacción a esto, sino que los pintores parecen encantados, o por lo menos no denuncian a los que lo hacen (por si acaso pegan el pelotazo y pueden hacerlo ellos). Los escritores somos implacables con el tema de los negros; los artistas plásticos no, o no tanto, me temo.
Has mantenido que las vanguardias no son estáticas en un tiempo determinado sino, por así decirlo, fenómenos work in progress ¿De existir ahora las vanguardias, dónde estarían, o mejor dicho, dónde surgirían?No hace falta utilizar el condicional: la vanguardia (tal y como yo la entiendo, como la ética de un arte que lucha contra el estado esclerotizado de la estética de su tiempo, y por tanto aplicable a movimientos anteriores, coetáneos y posteriores a las vanguardias europeas de principios del XX), existe hoy día, y tiene bastante buena salud; de hecho, como ha demostrado Nocilla Dream (Candaya, 2006), de Agustín Fernández Mallo, puede llegar a tener éxito editorial y mediático. En poesía hay una serie de nombres que están o estamos haciendo vanguardia (Javier Moreno, el propio Fernández Mallo, Mercedes Cebrián, un seguro servidor), aunque veo más riesgo en narrativa (Ferré, Javier Fernández, Jorge Carrión, Eloy Fernández Porta, Robert-Juan Cantavella, algún experimento de Gutiérrez Solís).
Baudelaire decía lo de “Moverse siempre hacia delante”, pero también lo de “Rescatar lo eterno de lo transitorio” ¿No crees que actualmente se tiende a olvidar lo segundo tan característico, paradójicamente, de la modernidad, en beneficio de lo primero?En efecto, coincido con Walter Benjamin cuando apunta que lo más revolucionario es desandar lo andado, paralizar ciertos pasos de una situación disparada hacia delante. Lo expongo en Pangea: aquellos anarquistas que disparaban contra los relojes en el XIX, ahora les darían cuerda, porque ya no hay tiempo, sólo un instante globalizado de 24 horas al día. El de progreso es un concepto relativo en nuestras coordenadas, hay que buscar siempre un referente desde el cual hablamos de avance, porque utilizando por sí sola la palabra ha quedado vacua de sentido. Ahora lo eterno es lo transitorio, porque lo instantáneo es inmóvil, y por lo tanto duradero. El Arte (incluyo literatura y artes plásticas en general) de hoy sigue sin reflexionar demasiado sobre esto. Quizá tengamos los Bergson que han señalado la nueva duración, pero nos falta el Proust que la desarrolle. Soy optimista al respecto, no creo que los genios se hayan acabado.
¿Crees que los espacios virtuales de la red, las áreas fronterizas y transitorias propias de nuestro tiempo esperan o demandan un nuevo tipo de poesía?Por supuesto. Lo creo desde que publiqué en 2000 Mester de cibervía, un libro con errores, que pasó desapercibido porque llegó demasiado pronto: era el primer libro pangeico, aunque ni yo mismo sabía aún qué era Pangea. Los poetas van por delante de los ensayistas, son las antenas de la raza (lo dijo Pound) y llegan antes que la reflexión. Sin embargo, hay ya algunas manifestaciones de hiperpoemas (Ramón Dachs), de nuevas formas expresivas (el Musical Fantasy Light de Luis Ángel Abad), y de proyectos a medias entre lo visual y lo poético, como algunas cosas de Miriam Reyes, por ejemplo.
En nuestra lengua hay un desconocimiento mutuo y alarmante entre la poesía que se hace en Latinoamérica y la que se hace en España, y eso no acaba de cejar del todo, a pesar de los continuos intercambios y colaboraciones entre nosotros ¿Crees que existe cierto riesgo final de una falta de entendimiento entre las dos perspectivas poéticas o precisamente es esa perplejidad la que nos va a enriquecer?En esto no estoy de acuerdo contigo. En pocos meses han aparecido en España al menos 3 antologías de poetas hispanoamericanos, y dos de ellas incluyen poetas jóvenes. En México nada más se han publicado tres antologías (alguna de ellas, surrealista, y no por la técnica lírica) de poetas andaluces y españoles, con ocasión de la reciente Feria de Guadalajara. Hay un gran interés en ambas orillas por lo que hace la contraria. Es verdad que no son pocos quienes no leen poesía hispanoamericana, pero también muchos ignoran la narrativa norteamericana, la filosofía alemana y el ensayo francés, y eso no parece generar escándalo. Y por lo de la falta de entendimiento no te preocupes: me consta que algún crítico de poesía de los suplementos más conocidos no se entera de nada, ya sea español, hispanoamericano o japonés.
Una pregunta que en “Pata de gallo” vamos a hacer a todos los entrevistados ¿Qué es para ti lo contrario de la poesía?Lo que no tiene enigma, profundidad o elevación: la normalidad, el realismo ingenuo (los realismos informados sí son poesía), el bingo.
Vicente cuéntanos cuáles son tus proyectos inmediatos.La publicación de la segunda entrega de mi novela en marcha Circular, una recopilación de ensayos de narrativa contemporánea y textos de mi blog, y alguna cosa más, polémica, que saldrá a su debido momento.
