EL CANTO DEL GALLO
ALAN MILLS
Nace en Guatemala, 1979. Es poeta, ensayista y traductor (inglés y francés). En 2002 publicó el libro de poesía Los nombres ocultos con Magna Terra Editores; en 2005 Marca de agua con Editorial Cultura de Guatemala y Poemas sensibles con Editorial Praxis de México. Ha participado en múltiples festivales en América Latina y en el V Festival Internacional "La poesía tiene la palabra” organizado en 2005 por la Casa de América en Madrid. En 2006 dio lecturas invitado por el ayuntamiento de Villarobledo, Castilla-La Mancha y por el colectivo La Caja Nocturna en Zaragoza, España. En enero de 2007 leyó textos de su libro inédito Síncopes en la Casa de América, en el Círculo de Bellas Artes y en el espacio “Circo de Pulgas” de Madrid, España. Actualmente coordina la actividad literaria del Centro Cultural de España en Guatemala, y ha sido becario del Ministerio de Cultura de España, en Madrid.
5:58 pm:
cierto, nuestros abuelos siempre estuvieron pisados a pesar de sus clamores y las torturas que dejaron por testamento, decía dolor su entraña y tanto dijeron para nada, “mijo: desbarate al Otro” fue la consigna que nos cantaban en la cuna desde una televisión sin control remoto, desde los Megatemplos que sustituyen todos nuestros cines y nuestra pornografía: el cine Variedades ha sido la alegría del pueblo y no la acaban, en el Lux asistí a mi primera escena vulgar y aterradora, pero este pueblo también es feliz con sus galones de gasolina, alcanza el gozo interpretando las más conspicuas intenciones de Lynch, al pueblo lo hacen salivar las muchachas rubias y siente asco de sí mismo en sus tatuajes, el pueblo apenas escucha: pare de sufrir, pare de sufrir y mi problema es parecido: no logro apagar la tele: a) un ladrón incendiado, b) la multitud vitorea y escupe, c) imagino una orgía multiétnica al interior del Gran Jaguar, sí, aquí hay volcanes y lagos pero también Pastores, tenemos tierra pero la Conquista respira en los chicos más lindos, nuestros perros forman bandas callejeras para repartirse los cadáveres del frío, este territorio pareciera la última puerta, aquí en Xibalbá la people se divierte coleccionando amigos y novias occidentales, les hacen sentir la selva, las alcoholizan y les dan duro por la noche, les tejen collares bellos como el antiguo incesto de nuestra raza, coloridos, iguales a las culebras del monte, a esta historia que se equivoca: a) los cakchiqueles no traicionaron a los quichés: se la cobraron, b) la 13 ama a la 18: a su manera, c) todo parece mentira y no lo es, por eso duele, sí, esta vida no va a ninguna parte, abandoné los barrios por puro miedo, atrás quedaron aquellos amiguitos aindiados con los que jugábamos pelota a media calle, hoy son asesinos a sueldo o han cambiado sus apellidos, si me ven no me recuerdan, yo quisiera hablarles de los recodos de la luz y del laberinto pero tengo miedo, no sé decir sin daño, no me animo a recordarles nuestras chamuscas, aquellas costras que nos hendíamos con una rabia controlada que nos hermanaba en sudores, sí, cómo pasa el tiempo, se les agradece compadres: no me han matado y sería tan fácil, a lo mejor por eso cortejan mi sombra un momento y en seguida me curten a golpes, desearía imaginar lo necesario, lo suficiente, pero soy frívolo nomás, perpleja criatura monolingüe deseosa de arribo a otro punto, que balbucea su cambio, que desea linduras rodillas enfrente, que evoca los ríos de esta ciudad antes de su situación de miadero o triste depósito de cosas que nadie quiere, aquí mi cuerpo y su sombra ultravioleta, aquí mi ficción de prójimo en llamas, tierra, hazme el favor de beber esta sangre, que pasen lunas tallándome las masas, pues me falta esa savia que exijo, la necesito y yo no quiero daño para nadie, lo juro, ya escuché decir que todo está dicho, que nada nuevo bajo el sol, que montémonos en hombros de gigantes, lo cierto es que una vez estuve en una galera a punto de ser violado y me salvé porque pude tartamudear el “poema de amor” de roque dalton, guanacos hijos de la gran puta, un delincuente en mi país no se tatuaría el rostro de un poeta, tuve mucha suerte de advertirlo en aquel brazo porque jaula adentro clamaban: ¡carne fresca!, y sacudían los barrotes midiendo mi entrada de pies a cabeza, sí, aquella tarde aprendí que un separo judicial representa el umbral donde la poesía empieza a hacerse tangible, así empezó mi pasión por oscuridades animosas, así pude decirle adiós a ciertas recuerdas, porque todo está dicho, cierto, pero seguimos, por donde debiera pasar el tren no anda tren ninguno, ahí más bien desfila la sífilis, el vih, las diosas del papilomas y demás, ningún piano blanco en esas casuchas de orillera, ningún libro de cabecera para estos galpones polvosos, nuestros vagones abandonados anuncian que nos fracasó el hierro y de noche me siento ciudad no realizada transpirando a través de las llagas de sus putas, esqueleto vacío de volarse en su carne perdida, sí, 4 grados al norte se ven secuelas de esa vida en negación, cierto simulacro burgués con alegría sin basas, uno quisiera siempre estar lejos, me refiero al borde inicuo, la línea férrea que defiende un más allá pletórico en moscas, mierda, condones sanguinolentos y niños florecidos, sí doctor, los Megatemplos están llenos y ocupan las esquinas, han desahuciado los cines de la lujuria para instalar otra desmesura, atención, no llamo a desalojarles, no les llamo mercaderes a los mercaderes, es anticuado, obvio, no tiene ningún efecto, podría desangrarse un muchacho en sus narices y lo tildarían de marihuano dándose el tupé, puede una mujer ofrecer sus frutos de aquí a la sepultura y simplemente la tomarían, sus autos blindados arrollan a los cristos anónimos, mas no hay que alarmarse, los Megatemplos son horrendos, es suficiente, el paisaje mismo los irá rechazando, nos costará largas angustias y mucho dinero.
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cierto, nuestros abuelos siempre estuvieron pisados a pesar de sus clamores y las torturas que dejaron por testamento, decía dolor su entraña y tanto dijeron para nada, “mijo: desbarate al Otro” fue la consigna que nos cantaban en la cuna desde una televisión sin control remoto, desde los Megatemplos que sustituyen todos nuestros cines y nuestra pornografía: el cine Variedades ha sido la alegría del pueblo y no la acaban, en el Lux asistí a mi primera escena vulgar y aterradora, pero este pueblo también es feliz con sus galones de gasolina, alcanza el gozo interpretando las más conspicuas intenciones de Lynch, al pueblo lo hacen salivar las muchachas rubias y siente asco de sí mismo en sus tatuajes, el pueblo apenas escucha: pare de sufrir, pare de sufrir y mi problema es parecido: no logro apagar la tele: a) un ladrón incendiado, b) la multitud vitorea y escupe, c) imagino una orgía multiétnica al interior del Gran Jaguar, sí, aquí hay volcanes y lagos pero también Pastores, tenemos tierra pero la Conquista respira en los chicos más lindos, nuestros perros forman bandas callejeras para repartirse los cadáveres del frío, este territorio pareciera la última puerta, aquí en Xibalbá la people se divierte coleccionando amigos y novias occidentales, les hacen sentir la selva, las alcoholizan y les dan duro por la noche, les tejen collares bellos como el antiguo incesto de nuestra raza, coloridos, iguales a las culebras del monte, a esta historia que se equivoca: a) los cakchiqueles no traicionaron a los quichés: se la cobraron, b) la 13 ama a la 18: a su manera, c) todo parece mentira y no lo es, por eso duele, sí, esta vida no va a ninguna parte, abandoné los barrios por puro miedo, atrás quedaron aquellos amiguitos aindiados con los que jugábamos pelota a media calle, hoy son asesinos a sueldo o han cambiado sus apellidos, si me ven no me recuerdan, yo quisiera hablarles de los recodos de la luz y del laberinto pero tengo miedo, no sé decir sin daño, no me animo a recordarles nuestras chamuscas, aquellas costras que nos hendíamos con una rabia controlada que nos hermanaba en sudores, sí, cómo pasa el tiempo, se les agradece compadres: no me han matado y sería tan fácil, a lo mejor por eso cortejan mi sombra un momento y en seguida me curten a golpes, desearía imaginar lo necesario, lo suficiente, pero soy frívolo nomás, perpleja criatura monolingüe deseosa de arribo a otro punto, que balbucea su cambio, que desea linduras rodillas enfrente, que evoca los ríos de esta ciudad antes de su situación de miadero o triste depósito de cosas que nadie quiere, aquí mi cuerpo y su sombra ultravioleta, aquí mi ficción de prójimo en llamas, tierra, hazme el favor de beber esta sangre, que pasen lunas tallándome las masas, pues me falta esa savia que exijo, la necesito y yo no quiero daño para nadie, lo juro, ya escuché decir que todo está dicho, que nada nuevo bajo el sol, que montémonos en hombros de gigantes, lo cierto es que una vez estuve en una galera a punto de ser violado y me salvé porque pude tartamudear el “poema de amor” de roque dalton, guanacos hijos de la gran puta, un delincuente en mi país no se tatuaría el rostro de un poeta, tuve mucha suerte de advertirlo en aquel brazo porque jaula adentro clamaban: ¡carne fresca!, y sacudían los barrotes midiendo mi entrada de pies a cabeza, sí, aquella tarde aprendí que un separo judicial representa el umbral donde la poesía empieza a hacerse tangible, así empezó mi pasión por oscuridades animosas, así pude decirle adiós a ciertas recuerdas, porque todo está dicho, cierto, pero seguimos, por donde debiera pasar el tren no anda tren ninguno, ahí más bien desfila la sífilis, el vih, las diosas del papilomas y demás, ningún piano blanco en esas casuchas de orillera, ningún libro de cabecera para estos galpones polvosos, nuestros vagones abandonados anuncian que nos fracasó el hierro y de noche me siento ciudad no realizada transpirando a través de las llagas de sus putas, esqueleto vacío de volarse en su carne perdida, sí, 4 grados al norte se ven secuelas de esa vida en negación, cierto simulacro burgués con alegría sin basas, uno quisiera siempre estar lejos, me refiero al borde inicuo, la línea férrea que defiende un más allá pletórico en moscas, mierda, condones sanguinolentos y niños florecidos, sí doctor, los Megatemplos están llenos y ocupan las esquinas, han desahuciado los cines de la lujuria para instalar otra desmesura, atención, no llamo a desalojarles, no les llamo mercaderes a los mercaderes, es anticuado, obvio, no tiene ningún efecto, podría desangrarse un muchacho en sus narices y lo tildarían de marihuano dándose el tupé, puede una mujer ofrecer sus frutos de aquí a la sepultura y simplemente la tomarían, sus autos blindados arrollan a los cristos anónimos, mas no hay que alarmarse, los Megatemplos son horrendos, es suficiente, el paisaje mismo los irá rechazando, nos costará largas angustias y mucho dinero.
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