LOS OTROS
Este mes tenemos el placer de mostrar en Los otros un fragmento inédito en castellano de La vie promise, (La vida prometida), el libro de próxima publicación en España del poeta belga Guy Goffette en la versión del traductor y escritor José Luis Reina Palazón.
LA VIE PROMISE / LA VIDA PROMETIDA De GUY GOFFETTE en Traducción de J.L. Reina Palazón
Un poco de oro en el fango
I
Yo me decía también: vivir es otra cosa
que este olvido del tiempo que pasa y los estragos
del amor y del desgaste – lo que hacemos
de la mañana a la noche: hender el mar,
hender el cielo, la tierra, a veces pájaro,
pez, topo, en fin: jugando a agitar el aire,
el agua, los frutos, el polvo; actuando como,
quemándose por, yendo hacia, ¿recogiendo
qué? el gusano en la manzana, el viento en los trigos
pues todo recae siempre, pues todo
comienza de nuevo y nada es nunca igual
a lo que fue, ni peor ni mejor,
que no cesa de repetir: vivir es otra cosa.
II
El tiempo de levantarse realmente, de decir
sí de la punta de los pies hasta la coronilla,
sí a este día nuevo echado
en la papelera del tiempo, llueve.
Oh, la exacta fotografía del alma, estas dos palabras
que nos entran por los ojos como uñas
en la carne: llueve. La sangre de la hierba
es insoportablemente verde y es en nosotros
donde llueve, en nosotros que un dique roto
ve derrumbarse poco a poco, detrás del vidrio
y entre el velamen, con lienzos de viejos
pesares, de esperas cansadas,
las razones de partir y de vestir el frío.
III
Todavía, si el fuego fuera mal, si la lámpara
hilara una miel amarga, podrías decir: tengo frío,
y robar el corazón al nogal calvo, aquel
del caballo de labor que ya no tiene adonde ir
y que va de un borde a otro de la lluvia
como tú en la casa, abriendo un libro,
puertas, empujándolos: tierra quemada,
ciudad abierta en la que el hambre se instala y grita
como estos racimos de frutos rojos sobre la mesa,
vida extranjera, presente inaccesible
a quien ya no sabe más
que patinar en el mismo surco
la noche y la pesada arcilla de las fatigas.
IV
Tal vez habría que correr la cortina, dejar
al cuerpo todo entero fluir en la fatiga
desanudarse los lazos de pensamientos, la negra
opresión de las algas, cortar por lo sano
con tu propia muerte, lo que ha sido y ya no
es, con lo que vendrá, la ineluctable
marea de sonidos e imágenes que los ahogados – se dice
no se llevan, dejar el tiempo
golpear tu frente como la lluvia
hasta que todo vuelva a ser polvo
en la habitación del muerto: se vacían los cajones,
se barre y por la puerta abierta la luz
un instante se hace carne y se estremece
V
Se dice: el sol después de la lluvia, el mar
después de la montaña, el amor después
y partir, partir. Mañana cuando todo será,
cuando todo habrá, cuando.
Promesas de muertos si vivir es más
que aguardar, que esperar. Cenizas arrojadas
sobre el fuego que rezonga un poco después se calla
sin cosolación: la noche
cae, el alba se eleva, un verano ha pasado.
Ya, dicen las humaredas del caserío
mientras que los animales sin cólera continúan
acumulando el oro del tiempo, el oro
de nuestros ojos ávidos y cerrados tan pronto.
VI
Y tú terminas por colocar el libro, allí arriba,
en su sitio exacto, este pequeño hueco de sombra y de olvido
como el rincón de tierra que te retorna.
Tú retornas también
a tu lugar, delante de la ventana, la mesa,
este cuadrado de nieve que nadie ha forzado todavía
y que va en todos los sentidos como tu vida
entre las palabras, los muertos.
Bien sabes que ningún signo cura de la ausencia,
como tampoco el mirlo cayendo invierte
el eje de la tierra, pero tú persistes, oh escriba,
en sobornar a los ángeles:
un poco de oro en el fango, decid, que la noche quede abierta.
VII
Si he buscado – ¿he hecho otra cosa? –
fue como se desciende una calle pendiente
o porque de repente los pájaros
ya no cantaban. Este agujero en el aire,
entre los árboles, ni mi aliento ni mis ojos
lo han colmado – y yo gritaba a menudo
en medio de las hierbas, pero no entendía nada,
me decía: míralo,
estoy en el mundo, el cielo es azul, nubes
las nubes y qué importa el grito sordo de las manzanas
sobre la tierra dura: la belleza, es que todo
va a desaparecer y que, sabiéndolo,
todo sin embargo no deja de pasear.
VIII
Hacia el oeste, con los últimos rayos rosas
siguiendo bien la flecha sobre la media demasiado tensa
de la noche que se ha inclinado para meter
el avión en su bolsillo, he aquí
lo que resiste todavía, los ojos hacia el cielo, de pie
sobre el aparcamiento donde deshilas en lo gris
tus velas de Colón, tus rutas de la seda
y de la sal y del solo, esperando
esperando que todo termine (tú dices todo
como aquel que silba por guardar su sombra
a su lado en la callejuela oscura) todo: este beso
– apenas – del poniente sobre los labios
de aquella que se va dejándote el andén.
IX
Lo que he querido, lo ignoro. Un tren
se precipita en la tarde: no estoy ni dentro
ni fuera. Todo ocurre como si
yo me alojase en una sombra
que la noche enrolla como un trapo
y echa al fondo del barranco. Por la mañana,
liberar el cuerpo, un brazo después el otro
con el tiempo en el puño
que late. Lo que he querido, un tren
se lo lleva: cada ventana ilumina
a otro pasajero en mí
que aquel del que separo al despertar
el rostro de madera, las traviesas, la muerte.
X
Me decía: es necesario todavía, es necesario –
Y las palabras corrían delante de mí, aspiraban
el camino, el cielo, los helechos, el vientre
mal abotonado de las colinas
después volvían, trayéndome un poco de piel
calcinada, un fragmento de hueso: esta vieja
y ya lancinante cuestión
del por qué aquí, yo, por qué.
– ir venir esperar como el encargado
de las salidas, que abre y cierra el horizonte,
esperar al último viajero
antes de dar la vuelta a la pizarra, de escribir:
cerrado por pereza.
GUY GOFFETTE O EL ELOGIO DE LA VIDA
La generación poética de la Expo en Bélgica, cuya obra se rebela al público con el tratado de Maestrich es de una extrema riqueza, con individualidades muy diversas, poetas con las inclinaciones de las generaciones precedentes o fuertes solitarios. La mundialización, la apertura prosaica, otros asimilan movimientos textuales franceses en las revistas Nioque o Java o siguen el movimiento comenzado por dos generaciones anteriores: el fin de los caminos estrictos, de la regulación de las estéticas, el fin de las separaciones entre prosa y poesía, el mantenimiento del lado revuelta y ácido de la escritura en una producción intensa de editoriales y revistas marginales, por ejemplo, Le Fram o Source.
GUY GOFFETTE es sin duda el poeta de esta generación más famoso internacionalmente y el más premiado en Bélgica y Francia. De su prolífera obra que contiene no sólo poemarios sino novelas, libros de ensayos, libros de artista y una gran labor como crítico literario y compilador de ediciones antológicas de otros autores, podemos comentar los dos libros fundamentales que lo han catapultado a la fama, editados incluso juntos en Gallimard: «Elogio de una cocina de provincia» y el que pronto aparecerá en edición bilingüe en la colección de poesía internacional Norte y Sur de la editorial EDALIBROS: «La vida prometida».
Con el libro «Elogio de una cocina de provincia» Goffette alcanzó el reconocimiento de excelente poeta al serle asignado a su manuscrito antes de ser editado, en 1988 con el Premio Trienal de Poesía del Consejo de la Comunidad Francesa de Bélgica. Un jurado muy diverso saludó una de estas obras importantes que marcan no sólo la madurez de un autor, sino que revelan también, al mismo tiempo que ellas impulsan la orientación poética de toda una generación. La cocina de provincia, en un país apartado es el barco de sueños de Goffette. Estos sueños como los versos mismos se amplían en su estructura respecto a otros anteriores, en cada una de las partes y en todo el conjunto del libro. La variedad de los textos en las ciento setenta páginas es enorme: alternan textos amplios, zarpazos de escritura, bloques de prosa, poemas sutilmente rimados, textos narrativos, momentos de contemplación. Además Goffette no duda en cruzar sus poemas con los de los grandes poetas que él admira, practicando lo que él llama la «dilectura», una especie de homenaje siempre dinámico a la obra de Saba, de Frenaud, de Dickinson y de otros muchos. El libro es también por eso la prolongación de numerosas lecturas y hace de la aprehensión de la realidad misma un ejercicio de desciframiento en el que se cruzan las observaciones y los sueños, los sucesos y los mitos. La amplitud de este trabajo poético no excluye la coherencia de la visión del mundo que se prepara en esa cocina de la aventura del lenguaje. Ella es de hecho una biblioteca de todos los caminos leídos y los abiertos por el autor. Y de ellos el camino real lleva a «La Vida prometida».
El libro coronado con el Premio Henri Mondor de la Academia Francesa, es en declaración de Goffette un libro que hace balance, un libro de la madurez, cuando la ilusión deja lugar a la conciencia de haber fracasado en esto o lo otro. ¿Qué queda de esta “vida” que la infancia había oído cantar como una promesa? Ella se ha desvanecido mucho. El tiempo la ha cepillado. Pero la poesía y su evolución reciente en el sentido de una vuelta hacia la oralidad acuden todavía a cantar esa promesa. Goffette sabe bien que el corazón crea el aburrimiento y queel silencio de una tumba dura mucho tiempo; conoce hoy la verdadera miseria de los hombres: el lenguaje desprovisto de los más altos valores, el hundimiento del zócalo en el que se podía construir un mundo, el triste miedo de cantar… todo eso que dispersa el sentido, dispersa a los poetas. Pero la estación es incierta. El claro viene a veces a dispersar las nubes: «el amor permanece / muy por encima / como un bello relámpago que dura».
Guy Goffette escribe hoy más aplicadamente: le es necesario extirpar su poema «a los estragos del amor y de la usura.» Lucidamente: su obra erige decorados precisos. Generosamente: su libro tiende la mano al lector y lo lleva por los meandros de una alegría frágil, conquistada por la atención que él concentra en lo minúsculo cotiadiano. Después de todo en un mundo arrastrado por las ciencias y la información a proporciones irisorias, es mejor recorrer su casa, sus libros, sus sentimientos. Dando prueba de modestia, Goffette reanuda con la presciencia de una armonía posible en el asombro de vivir, el estupor de amar y el placer de leer. Este rigor le lleva a recoger la poesía cuando ella pasa y abrevarla en el lenguaje común. Ella es ya de por sí extraordinaria. Se acompaña de un esfuerzo arquitectónico que pone un punto de atención a nuestra admiración. La orquestación de la obra lleva a cabo en efecto un paciente trabajo de reconciliación con la vida. Cada poema es un instante de dicha – de dicha triste, a menudo, pero esto no es incompatible – y estas oleadas se responden dentro del libro y de libro en libro, como para trazar entre cielo y tierra el esbozo de una vida posible, de una vida simplemente respirable.
Tres años después del estupendo «Elogío de una cocina de provincia», Guy Goffette mantiene la palabra y se podían marcar con un lápiz muchos poemas que elevan la fruición de lo cotidiano en el que el poeta encuentra tinta y luz. Ese tono, siempre sobre la cuerda de un lenguaje ordinario, permanece atento a lo que sube del paisaje. Véase por ejemplo el poema «Marte en el establo» y la palabra de los animales: «Comme un río demasiado tiempo / detenido, empujaremos delante de nosotros / las colinas testarudas y con la ebriedad en las sienes, / habiendo bebido, gritado a los cuatro vientos, // miraremos a los hombres directamente en los ojos.» Todo se vuelve harina en este molino: - el entierro de los pájaros por un niño emocionado: «saber / que hay tantas palabras, tantas palabras / y quedarse sin voz cuando todos los otros ríen» - o hasta la balada en bicicleta que lamenta al poeta « de haberse quedado horas sentado en vano / contemplando su hoja» en vez de la realidad. Goffette no es un poeta de papel. Los libros de su biblioteca le acompañan siempre, sin duda, como ciertos pintores, ciertos mayores por los que siente afecto. Pero esas dilecturas, como él las llama, no glosan apenas más de lo que parafrasean. Ellas testimonian de esta verdad muy simple: en la vida de un lector, los libros queridos son los sucesos, los acontecimientos privilegiados. Los poemas abren el alma, dan espacio y aliento, permiten crear. Esa es la lección de Goffette. Su vecindad con la cultura no difiere en nada de la fraternidad que su ascesis de vigía descubre en los simples hechos de la vida cotidiana. En ellos reluce aún «La vida prometida».
JL. Reina Palazón
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DATOS BIOGRÁFICOS
De Guy Goffette
1947
Nació el 28 de abril en Jamoigne, Lorena Belga, en una familia obrera. Guy Goffette es el primogénito de cuatro hijos.
1968
Estudia en la Escuela Normal Libre de Arlon, alumno de Vital Lahaye, poeta y espíritu libre que lo influencia profundamente.
1969
Es el año de su matrimonio. Escribe diversos poemas con vista a un primer libro.
1970
Inicia la carrera docente que durará veintiocho años. Ensea en Harnocourt, en la punta meridional de Bélgica.
1971
Aparece su primer libro Quotidien rouge (Diario rojo).
1980
En colaboración con otros poetas funda la revista literaria Triangle de la que será el principal artífice durante siete años.
1983
Crea las Éditions dell’Apprentypographe. Se le asocian autores como Umberto Saba y Michel Butor. Su poemario Solo d’ombres (Solo de sombras) obtiene el premio Guy-Lévis Mano.
1986
Se dedica a varias labores de crítica literaria. Comienza la traducción de un importante corpus de cantos de negro: Tacatams blues, mélopée, Cadex Éditions.
1988
Obtiene el Premio de la Comunidad Francesa, además del Premio Mallarmé por su obra de poesía Éloge pour une cuisine de province (Elogio de una cocina de provincia).
1990
Elabora diversas ediciones críticas de poetas como Lionel Ray y Max Elskamp
1991
Publica La vie promise (La vida prometida) Chemin des roses (Camino de rosas) y Mariana Portugaise (Mariana Portuguesa)
1995
Publica la biografía imaginaria: Verlaine, d’ardoise et de pluie, Verlaine, de pizarra y de lluvia.
Además la narración Elle, par bonheur, est toujours, nue (Ella, por suerte, siempre está desnuda)
1997
Se traslada a París donde trabaja como lector en la editorial Gallimard.
2001
Se le concede en mayo el Gran Premio de la Poesía de la Academia Francesa por toda su obra.
En Septiembre publica su primera novela Un été autour de cou (Un verano alrededor del cuello)
2006 Se le concede el Premio Marcel Pagnol en Francia y el Premio Rossel en Bélgica
2007 Se le concede el Premio Senghor en Bélgica y el Prix Alain Bosquet en Francia.
BIBLIOGRAFÍA
Quotidien rouge, Éditions de la Grisière, París 1971
Nomadie, poèmes, Saint Germain-des-Prés, 1979
Solo d´ombres, Ipomée, 1983
Prologue à une maison sans murs, Qui vive, Mareuil 1983
Le dormeur près du toit, Cahiers du Confluent, Montereau 1986
Le relèvement d’Icare, La Louve, París 1987
Éloge pour une cuisine de province, Champs Vallon, Seyssel 1988
Mariana, Portugaise, Le temps qu’il fait, Cognac 1991
La vie promise, Gallimard, París 1955
Chemins de roses, L’Apprentypographe, 1991(avec Bernard Noel)
Le Pêcheur d’eau, Gallimard, París 1995
Verlaine, d’ardoise et de pluie, novela Gallimard, París 1996
Lettre à un cycliste. Illustrations de Joël Leick, H. C. 1997
L’ami du jars, Theodore Balmoral, 1997
Elle, par bonheur est toujours nue, prosa, Gallimard, París 1998
Tacatam blues, Cadex éditions, 2000.
Icarus (avec des gravures de Didier Bouguignon. Éditions Signum 2000
Partance et autres lieux, suivi de Nema problema, prosa, Gallimard, París 2000
Éloge pour une cuisine de province suivi de La vie promise, Gallimard París 2000
Vint poètes pour l’an 2000, Anthologie. Presentación de Guy Goffette Gallimard 2000
Oiseaux. Ilustrations de Hervé Coffinères. Gallimard 2001
Sur le fil des collines, Le Petit Poète Illustré, 2001
Le seul jardin, (avec des sérigraphies de François-Xavier Fagniez), Area, 2001.
Les eaux noires (avec une peinture originale de F. X. Fagniez) Area 2001
Un manteau de fortune, Gallimard, París 2001
Un été autour du cou, novela, Gallimard 2001
Croquer la pomme, Le Petit Poète Illustré, 2001
D’exil comme en un long dimanche, Max Elskamp, La Renaissance du Livre, 2002.
Petit printemps portatif, anthologie, 2002
Pssaume pour le temps qui me dure d’être sans toi (avec de peintures de G. Badib), G. B. ed. 2003.
Solo d’ombres/Nomadie, Gallimard, París 2003
Un enfance lingère, Gallimard 2006
Traversée (avec des photographies de Dan Hayon) , Éditions D.H.2006
Lumière d’épicerie (ilustrations de Wanda Mihuleac), éditions Transignum, 2006
Le journal de l’imitateur, Fata Morgana, 2006
L’adieu aux lisières, Gallimard, París 2007
SOBRE GUY GOFFETTE
Sincère poésie, n. 66, monográfico sobre Guy Goffette, noviembre 1984
G. Jacquemin, «Guy Goffette», Dossier «L». Littérature française de Belgique, nº 7, 1985.
Un nouveau lyrisme, poésie 1, n. E 135, 1987
L. Noulez, «Un éloge et l´heure où il vient», Textyles. Revue des lettres belges de langue française, nº 5,1988.
Littérature du XX siècle, textes et documents, París, Nathan, Col. Henri Mitterand 1989
G. Goffette, «Interview», La Cité. Nº du 16 avril 1991.
Histoire de la littérature Française / xx siècle (1950-1990) Hatier, París 1991
P. Gavard-Peret, «Guy Goffette: matiêre image, image de la matière», Le Mensuel Littéraire et poétique, nº 207, nov-déc. 1992
LA VIE PROMISE / LA VIDA PROMETIDA De GUY GOFFETTE en Traducción de J.L. Reina Palazón
Un poco de oro en el fango
I
Yo me decía también: vivir es otra cosa
que este olvido del tiempo que pasa y los estragos
del amor y del desgaste – lo que hacemos
de la mañana a la noche: hender el mar,
hender el cielo, la tierra, a veces pájaro,
pez, topo, en fin: jugando a agitar el aire,
el agua, los frutos, el polvo; actuando como,
quemándose por, yendo hacia, ¿recogiendo
qué? el gusano en la manzana, el viento en los trigos
pues todo recae siempre, pues todo
comienza de nuevo y nada es nunca igual
a lo que fue, ni peor ni mejor,
que no cesa de repetir: vivir es otra cosa.
II
El tiempo de levantarse realmente, de decir
sí de la punta de los pies hasta la coronilla,
sí a este día nuevo echado
en la papelera del tiempo, llueve.
Oh, la exacta fotografía del alma, estas dos palabras
que nos entran por los ojos como uñas
en la carne: llueve. La sangre de la hierba
es insoportablemente verde y es en nosotros
donde llueve, en nosotros que un dique roto
ve derrumbarse poco a poco, detrás del vidrio
y entre el velamen, con lienzos de viejos
pesares, de esperas cansadas,
las razones de partir y de vestir el frío.
III
Todavía, si el fuego fuera mal, si la lámpara
hilara una miel amarga, podrías decir: tengo frío,
y robar el corazón al nogal calvo, aquel
del caballo de labor que ya no tiene adonde ir
y que va de un borde a otro de la lluvia
como tú en la casa, abriendo un libro,
puertas, empujándolos: tierra quemada,
ciudad abierta en la que el hambre se instala y grita
como estos racimos de frutos rojos sobre la mesa,
vida extranjera, presente inaccesible
a quien ya no sabe más
que patinar en el mismo surco
la noche y la pesada arcilla de las fatigas.
IV
Tal vez habría que correr la cortina, dejar
al cuerpo todo entero fluir en la fatiga
desanudarse los lazos de pensamientos, la negra
opresión de las algas, cortar por lo sano
con tu propia muerte, lo que ha sido y ya no
es, con lo que vendrá, la ineluctable
marea de sonidos e imágenes que los ahogados – se dice
no se llevan, dejar el tiempo
golpear tu frente como la lluvia
hasta que todo vuelva a ser polvo
en la habitación del muerto: se vacían los cajones,
se barre y por la puerta abierta la luz
un instante se hace carne y se estremece
V
Se dice: el sol después de la lluvia, el mar
después de la montaña, el amor después
y partir, partir. Mañana cuando todo será,
cuando todo habrá, cuando.
Promesas de muertos si vivir es más
que aguardar, que esperar. Cenizas arrojadas
sobre el fuego que rezonga un poco después se calla
sin cosolación: la noche
cae, el alba se eleva, un verano ha pasado.
Ya, dicen las humaredas del caserío
mientras que los animales sin cólera continúan
acumulando el oro del tiempo, el oro
de nuestros ojos ávidos y cerrados tan pronto.
VI
Y tú terminas por colocar el libro, allí arriba,
en su sitio exacto, este pequeño hueco de sombra y de olvido
como el rincón de tierra que te retorna.
Tú retornas también
a tu lugar, delante de la ventana, la mesa,
este cuadrado de nieve que nadie ha forzado todavía
y que va en todos los sentidos como tu vida
entre las palabras, los muertos.
Bien sabes que ningún signo cura de la ausencia,
como tampoco el mirlo cayendo invierte
el eje de la tierra, pero tú persistes, oh escriba,
en sobornar a los ángeles:
un poco de oro en el fango, decid, que la noche quede abierta.
VII
Si he buscado – ¿he hecho otra cosa? –
fue como se desciende una calle pendiente
o porque de repente los pájaros
ya no cantaban. Este agujero en el aire,
entre los árboles, ni mi aliento ni mis ojos
lo han colmado – y yo gritaba a menudo
en medio de las hierbas, pero no entendía nada,
me decía: míralo,
estoy en el mundo, el cielo es azul, nubes
las nubes y qué importa el grito sordo de las manzanas
sobre la tierra dura: la belleza, es que todo
va a desaparecer y que, sabiéndolo,
todo sin embargo no deja de pasear.
VIII
Hacia el oeste, con los últimos rayos rosas
siguiendo bien la flecha sobre la media demasiado tensa
de la noche que se ha inclinado para meter
el avión en su bolsillo, he aquí
lo que resiste todavía, los ojos hacia el cielo, de pie
sobre el aparcamiento donde deshilas en lo gris
tus velas de Colón, tus rutas de la seda
y de la sal y del solo, esperando
esperando que todo termine (tú dices todo
como aquel que silba por guardar su sombra
a su lado en la callejuela oscura) todo: este beso
– apenas – del poniente sobre los labios
de aquella que se va dejándote el andén.
IX
Lo que he querido, lo ignoro. Un tren
se precipita en la tarde: no estoy ni dentro
ni fuera. Todo ocurre como si
yo me alojase en una sombra
que la noche enrolla como un trapo
y echa al fondo del barranco. Por la mañana,
liberar el cuerpo, un brazo después el otro
con el tiempo en el puño
que late. Lo que he querido, un tren
se lo lleva: cada ventana ilumina
a otro pasajero en mí
que aquel del que separo al despertar
el rostro de madera, las traviesas, la muerte.
X
Me decía: es necesario todavía, es necesario –
Y las palabras corrían delante de mí, aspiraban
el camino, el cielo, los helechos, el vientre
mal abotonado de las colinas
después volvían, trayéndome un poco de piel
calcinada, un fragmento de hueso: esta vieja
y ya lancinante cuestión
del por qué aquí, yo, por qué.
– ir venir esperar como el encargado
de las salidas, que abre y cierra el horizonte,
esperar al último viajero
antes de dar la vuelta a la pizarra, de escribir:
cerrado por pereza.
GUY GOFFETTE O EL ELOGIO DE LA VIDA
La generación poética de la Expo en Bélgica, cuya obra se rebela al público con el tratado de Maestrich es de una extrema riqueza, con individualidades muy diversas, poetas con las inclinaciones de las generaciones precedentes o fuertes solitarios. La mundialización, la apertura prosaica, otros asimilan movimientos textuales franceses en las revistas Nioque o Java o siguen el movimiento comenzado por dos generaciones anteriores: el fin de los caminos estrictos, de la regulación de las estéticas, el fin de las separaciones entre prosa y poesía, el mantenimiento del lado revuelta y ácido de la escritura en una producción intensa de editoriales y revistas marginales, por ejemplo, Le Fram o Source.
GUY GOFFETTE es sin duda el poeta de esta generación más famoso internacionalmente y el más premiado en Bélgica y Francia. De su prolífera obra que contiene no sólo poemarios sino novelas, libros de ensayos, libros de artista y una gran labor como crítico literario y compilador de ediciones antológicas de otros autores, podemos comentar los dos libros fundamentales que lo han catapultado a la fama, editados incluso juntos en Gallimard: «Elogio de una cocina de provincia» y el que pronto aparecerá en edición bilingüe en la colección de poesía internacional Norte y Sur de la editorial EDALIBROS: «La vida prometida».
Con el libro «Elogio de una cocina de provincia» Goffette alcanzó el reconocimiento de excelente poeta al serle asignado a su manuscrito antes de ser editado, en 1988 con el Premio Trienal de Poesía del Consejo de la Comunidad Francesa de Bélgica. Un jurado muy diverso saludó una de estas obras importantes que marcan no sólo la madurez de un autor, sino que revelan también, al mismo tiempo que ellas impulsan la orientación poética de toda una generación. La cocina de provincia, en un país apartado es el barco de sueños de Goffette. Estos sueños como los versos mismos se amplían en su estructura respecto a otros anteriores, en cada una de las partes y en todo el conjunto del libro. La variedad de los textos en las ciento setenta páginas es enorme: alternan textos amplios, zarpazos de escritura, bloques de prosa, poemas sutilmente rimados, textos narrativos, momentos de contemplación. Además Goffette no duda en cruzar sus poemas con los de los grandes poetas que él admira, practicando lo que él llama la «dilectura», una especie de homenaje siempre dinámico a la obra de Saba, de Frenaud, de Dickinson y de otros muchos. El libro es también por eso la prolongación de numerosas lecturas y hace de la aprehensión de la realidad misma un ejercicio de desciframiento en el que se cruzan las observaciones y los sueños, los sucesos y los mitos. La amplitud de este trabajo poético no excluye la coherencia de la visión del mundo que se prepara en esa cocina de la aventura del lenguaje. Ella es de hecho una biblioteca de todos los caminos leídos y los abiertos por el autor. Y de ellos el camino real lleva a «La Vida prometida».
El libro coronado con el Premio Henri Mondor de la Academia Francesa, es en declaración de Goffette un libro que hace balance, un libro de la madurez, cuando la ilusión deja lugar a la conciencia de haber fracasado en esto o lo otro. ¿Qué queda de esta “vida” que la infancia había oído cantar como una promesa? Ella se ha desvanecido mucho. El tiempo la ha cepillado. Pero la poesía y su evolución reciente en el sentido de una vuelta hacia la oralidad acuden todavía a cantar esa promesa. Goffette sabe bien que el corazón crea el aburrimiento y queel silencio de una tumba dura mucho tiempo; conoce hoy la verdadera miseria de los hombres: el lenguaje desprovisto de los más altos valores, el hundimiento del zócalo en el que se podía construir un mundo, el triste miedo de cantar… todo eso que dispersa el sentido, dispersa a los poetas. Pero la estación es incierta. El claro viene a veces a dispersar las nubes: «el amor permanece / muy por encima / como un bello relámpago que dura».
Guy Goffette escribe hoy más aplicadamente: le es necesario extirpar su poema «a los estragos del amor y de la usura.» Lucidamente: su obra erige decorados precisos. Generosamente: su libro tiende la mano al lector y lo lleva por los meandros de una alegría frágil, conquistada por la atención que él concentra en lo minúsculo cotiadiano. Después de todo en un mundo arrastrado por las ciencias y la información a proporciones irisorias, es mejor recorrer su casa, sus libros, sus sentimientos. Dando prueba de modestia, Goffette reanuda con la presciencia de una armonía posible en el asombro de vivir, el estupor de amar y el placer de leer. Este rigor le lleva a recoger la poesía cuando ella pasa y abrevarla en el lenguaje común. Ella es ya de por sí extraordinaria. Se acompaña de un esfuerzo arquitectónico que pone un punto de atención a nuestra admiración. La orquestación de la obra lleva a cabo en efecto un paciente trabajo de reconciliación con la vida. Cada poema es un instante de dicha – de dicha triste, a menudo, pero esto no es incompatible – y estas oleadas se responden dentro del libro y de libro en libro, como para trazar entre cielo y tierra el esbozo de una vida posible, de una vida simplemente respirable.
Tres años después del estupendo «Elogío de una cocina de provincia», Guy Goffette mantiene la palabra y se podían marcar con un lápiz muchos poemas que elevan la fruición de lo cotidiano en el que el poeta encuentra tinta y luz. Ese tono, siempre sobre la cuerda de un lenguaje ordinario, permanece atento a lo que sube del paisaje. Véase por ejemplo el poema «Marte en el establo» y la palabra de los animales: «Comme un río demasiado tiempo / detenido, empujaremos delante de nosotros / las colinas testarudas y con la ebriedad en las sienes, / habiendo bebido, gritado a los cuatro vientos, // miraremos a los hombres directamente en los ojos.» Todo se vuelve harina en este molino: - el entierro de los pájaros por un niño emocionado: «saber / que hay tantas palabras, tantas palabras / y quedarse sin voz cuando todos los otros ríen» - o hasta la balada en bicicleta que lamenta al poeta « de haberse quedado horas sentado en vano / contemplando su hoja» en vez de la realidad. Goffette no es un poeta de papel. Los libros de su biblioteca le acompañan siempre, sin duda, como ciertos pintores, ciertos mayores por los que siente afecto. Pero esas dilecturas, como él las llama, no glosan apenas más de lo que parafrasean. Ellas testimonian de esta verdad muy simple: en la vida de un lector, los libros queridos son los sucesos, los acontecimientos privilegiados. Los poemas abren el alma, dan espacio y aliento, permiten crear. Esa es la lección de Goffette. Su vecindad con la cultura no difiere en nada de la fraternidad que su ascesis de vigía descubre en los simples hechos de la vida cotidiana. En ellos reluce aún «La vida prometida».
JL. Reina Palazón
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DATOS BIOGRÁFICOS
De Guy Goffette
1947
Nació el 28 de abril en Jamoigne, Lorena Belga, en una familia obrera. Guy Goffette es el primogénito de cuatro hijos.
1968
Estudia en la Escuela Normal Libre de Arlon, alumno de Vital Lahaye, poeta y espíritu libre que lo influencia profundamente.
1969
Es el año de su matrimonio. Escribe diversos poemas con vista a un primer libro.
1970
Inicia la carrera docente que durará veintiocho años. Ensea en Harnocourt, en la punta meridional de Bélgica.
1971
Aparece su primer libro Quotidien rouge (Diario rojo).
1980
En colaboración con otros poetas funda la revista literaria Triangle de la que será el principal artífice durante siete años.
1983
Crea las Éditions dell’Apprentypographe. Se le asocian autores como Umberto Saba y Michel Butor. Su poemario Solo d’ombres (Solo de sombras) obtiene el premio Guy-Lévis Mano.
1986
Se dedica a varias labores de crítica literaria. Comienza la traducción de un importante corpus de cantos de negro: Tacatams blues, mélopée, Cadex Éditions.
1988
Obtiene el Premio de la Comunidad Francesa, además del Premio Mallarmé por su obra de poesía Éloge pour une cuisine de province (Elogio de una cocina de provincia).
1990
Elabora diversas ediciones críticas de poetas como Lionel Ray y Max Elskamp
1991
Publica La vie promise (La vida prometida) Chemin des roses (Camino de rosas) y Mariana Portugaise (Mariana Portuguesa)
1995
Publica la biografía imaginaria: Verlaine, d’ardoise et de pluie, Verlaine, de pizarra y de lluvia.
Además la narración Elle, par bonheur, est toujours, nue (Ella, por suerte, siempre está desnuda)
1997
Se traslada a París donde trabaja como lector en la editorial Gallimard.
2001
Se le concede en mayo el Gran Premio de la Poesía de la Academia Francesa por toda su obra.
En Septiembre publica su primera novela Un été autour de cou (Un verano alrededor del cuello)
2006 Se le concede el Premio Marcel Pagnol en Francia y el Premio Rossel en Bélgica
2007 Se le concede el Premio Senghor en Bélgica y el Prix Alain Bosquet en Francia.
BIBLIOGRAFÍA
Quotidien rouge, Éditions de la Grisière, París 1971
Nomadie, poèmes, Saint Germain-des-Prés, 1979
Solo d´ombres, Ipomée, 1983
Prologue à une maison sans murs, Qui vive, Mareuil 1983
Le dormeur près du toit, Cahiers du Confluent, Montereau 1986
Le relèvement d’Icare, La Louve, París 1987
Éloge pour une cuisine de province, Champs Vallon, Seyssel 1988
Mariana, Portugaise, Le temps qu’il fait, Cognac 1991
La vie promise, Gallimard, París 1955
Chemins de roses, L’Apprentypographe, 1991(avec Bernard Noel)
Le Pêcheur d’eau, Gallimard, París 1995
Verlaine, d’ardoise et de pluie, novela Gallimard, París 1996
Lettre à un cycliste. Illustrations de Joël Leick, H. C. 1997
L’ami du jars, Theodore Balmoral, 1997
Elle, par bonheur est toujours nue, prosa, Gallimard, París 1998
Tacatam blues, Cadex éditions, 2000.
Icarus (avec des gravures de Didier Bouguignon. Éditions Signum 2000
Partance et autres lieux, suivi de Nema problema, prosa, Gallimard, París 2000
Éloge pour une cuisine de province suivi de La vie promise, Gallimard París 2000
Vint poètes pour l’an 2000, Anthologie. Presentación de Guy Goffette Gallimard 2000
Oiseaux. Ilustrations de Hervé Coffinères. Gallimard 2001
Sur le fil des collines, Le Petit Poète Illustré, 2001
Le seul jardin, (avec des sérigraphies de François-Xavier Fagniez), Area, 2001.
Les eaux noires (avec une peinture originale de F. X. Fagniez) Area 2001
Un manteau de fortune, Gallimard, París 2001
Un été autour du cou, novela, Gallimard 2001
Croquer la pomme, Le Petit Poète Illustré, 2001
D’exil comme en un long dimanche, Max Elskamp, La Renaissance du Livre, 2002.
Petit printemps portatif, anthologie, 2002
Pssaume pour le temps qui me dure d’être sans toi (avec de peintures de G. Badib), G. B. ed. 2003.
Solo d’ombres/Nomadie, Gallimard, París 2003
Un enfance lingère, Gallimard 2006
Traversée (avec des photographies de Dan Hayon) , Éditions D.H.2006
Lumière d’épicerie (ilustrations de Wanda Mihuleac), éditions Transignum, 2006
Le journal de l’imitateur, Fata Morgana, 2006
L’adieu aux lisières, Gallimard, París 2007
SOBRE GUY GOFFETTE
Sincère poésie, n. 66, monográfico sobre Guy Goffette, noviembre 1984
G. Jacquemin, «Guy Goffette», Dossier «L». Littérature française de Belgique, nº 7, 1985.
Un nouveau lyrisme, poésie 1, n. E 135, 1987
L. Noulez, «Un éloge et l´heure où il vient», Textyles. Revue des lettres belges de langue française, nº 5,1988.
Littérature du XX siècle, textes et documents, París, Nathan, Col. Henri Mitterand 1989
G. Goffette, «Interview», La Cité. Nº du 16 avril 1991.
Histoire de la littérature Française / xx siècle (1950-1990) Hatier, París 1991
P. Gavard-Peret, «Guy Goffette: matiêre image, image de la matière», Le Mensuel Littéraire et poétique, nº 207, nov-déc. 1992
