EL CANTO DEL GALLO
Fotografía: Cornelia NautaLa que olvida se yergue sobre sus ahora cuatro patas. Me decide.
Deja caer sus ubres deliciosas, como hebras del canto. Sabes,
se sucedieron sucesivas cicatrices, y todo se repite. Carnívora de mí
se me antoja de llamas y de gotas de agua. Permite que me amarre
por lo breve que habita y deshace. Se manifiesta en calma y será
evanesciendo lo que ya no se deja. Da de tumbos, a veces desespera
en la noche. Y la noche que aguarda.
Vuelve
la calma el
intranquilo
silencio de las aves
escudriña tus actos
oculto entre las ramas
otra vez
un murmullo
excava galerías
bajo tus pies desnudos
vuelve
la asfixia
el calor que respiras del asfalto
y cierra tu garganta
haciendo boquiabiertos
tus ahogos
el sol omnipresente
la cenital
total
brutal
perseverancia
y su luz
señalándote
la radiografía
fotografía
cartografía
diagnosticando
revelando
registrando
todo pensamiento
la autopsia
diseccionando
cuanto vaya a nacer
por dentro
de tus párpados
unos ojos
enhebran
su hilo por el hueco de tus ojos
con certeras puntadas
tiran de los anzuelos
anclados en el fondo de tus ojos
las aprietan
confunden sus costuras con las
tuyas
ya ven
lo que tu ves
introducen su mano
por tu espalda
y te mueven los labios
pero hablas con sus voces
usan tus feromonas
se tragan tu comida
acarician la carne de tus hijos
hacen por ti el amor con quien
tú yaces
te observan
mientras duermes
se mezclan con tus células
los transportas
en todas tus miradas
en cada pensamiento
partícipe de tanta consonancia
imaginas ser tú
imaginas ser tú
en todos tus actos
en todos sus actos
y en un instante todo
te parece creíble
tú mismo
te repites
te replicas
eres un número
tan sólo
divisible por ti mismo
te divides
conoces la medida de lo indivisible.