Suplemento de poesía de Literaturas.com

REOJOS


ANA ISABEL CONEJO


Ana Isabel Conejo nació en Tarrasa en 1970, pero ha residido durante casi toda su vida en León. Estudió Ciencias Biológicas en dicha ciudad y completó sus estudios en Escocia y París. Actualmente trabaja como profesora de Secundaria en Alcázar de San Juan (Ciudad Real), actividad que compagina con la escritura y la traducción. Además de haber obtenido el XX Premio de Poesía Hiperión con su libro Atlas (2005), ha publicado los poemarios Umbral (Premio de poesía “Universidad de León 1990”), Prisión o llama (Ediciones Ponteaérea 1993), Ciclos (Premio “Pastora Marcela” 2002), Grises (Premio “Ana de Valle” 2002) y Vidrios, vasos, luz, tardes (Accésit Premio Adonais 2003), así como una novela (Los cabellos de Santa Cristina, beca literaria del Instituto Leonés de Cultura 2000), varias traducciones de clásicos británicos y norteamericanos, y algunos relatos en la colección “Tus libros” de Anaya. También es coautora de la serie juvenil La llave del tiempo, publicada por Anaya. Ha obtenido, asímismo, el premio Ojo Crítico de Poesía 2006, otorgado por el programa “El ojo crítico” de Radio Nacional de España.
Su último libro, Colores, obtuvo el II Premio de Poesía Márius Sampere y ha sido publicado por la editorial La Garúa.
Actualmente está pendiente de publicación su poemario Rostros, galardonado con el Premio Antonio Machado en Baeza 2007.




ENTREVISTA


En tu último poemario (o penúltimo porque creo que publicas otro inminentemente) titulado Colores, editado por la editorial La garúa, realizas una travesía poética muy sugerente a través de los colores y de sus matices imaginarios, o reales, que en poesía a menudo vienen a ser lo mismo ¿Cómo surgió el libro?


El libro parte de una vieja obsesión mía con el tema del color y de numerosas lecturas previas. Trata de ser una reflexión poética sobre el color como paradigma de la subjetividad y de los problemas filosóficos, psicológicos y estéticos que esta plantea. Mientras lo escribía, estaba convencida de que se trataba de un libro tan personal que tal vez ni siquiera llegase a publicarse, y me ha sorprendido mucho la acogida que ha recibido.


Tengo la impresión que existe un cierto itinerario en tus libros (al menos los que yo he leído) que no sé si se corresponde con tus circunstancias vitales o más bien con la necesidad de otorgarles una cierta homogeneidad. ¿Crees que es conveniente que un poemario tenga cierto hilo conductor?


Creo que la evolución de mi poesía refleja la propia lógica de la escritura, que es incompatible con el estancamiento. Para mí, cada libro es una aventura espiritual y estética que puede terminar bien o mal, pero de la que, inevitablemente, uno sale transformado como persona. Este viaje interior a través del territorio de lo poético me ha llevado, en los últimos tiempos, a escribir sucesivamente varios libros con un eje conductor muy claro, pero no puedo afirmar que, a partir de ahora, siempre vaya a ser así, ni que el libro de proyecto sea, en sí mismo, superior a los otros. Lo que sí puedo afirmar es que mis incursiones en la narrativa me han enseñado a plantearme, también en poesía, aventuras cada vez más arriesgadas y complejas.


¿Si tuvieras que definir tu poesía cómo lo harías?


Yo me planteo el quehacer poético como una aventura del pensamiento y de la imaginación, como un viaje de conocimiento sin retorno posible, y también como una experiencia de lenguaje capaz de transformarme y de transformar mi percepción del mundo, y quizá la de otros.


Te has significado el los últimos años por ganar varios premios, entre ellos varios renombrados como el Hiperión o el Ojo Crítico. Es evidente que los premios ayudan (al menos algo) a la difusión de una obra pero ¿crees que ayudan a la creación poética?


En mi caso, recibí mi primer premio poético con diecinueve años, y la experiencia me desorientó lo suficiente como para no publicar nada en los diez años siguientes. En todos esos años no dejé de escribir nunca, pero tardé mucho en alcanzar la seguridad e independencia de criterio necesarias para volverme a plantear la participación en premios y certámenes sin que eso afectase a mis búsquedas personales a través de la escritura. Ahora creo haberlo logrado, pero no ha sido fácil. En resumen, creo que los premios ayudan, siempre que uno haya alcanzado el nivel de honestidad consigo mismo necesario como para no dejarse influir por ellos en su proceso creativo.


Parece que desaparecida en apariencia la tan publicitada división entre poesía de la experiencia y poesía del silencio (o poesía de la anécdota y poesía de la imagen) ha surgido en nuestra lengua un amplio abanico de poéticas y formatos ¿Cómo ves el panorama en estos momentos?


Como tú dices, lo veo menos polarizado, menos condicionado por etiquetas y adscripciones a determinadas corrientes que en décadas anteriores, y creo que eso es muy positivo. Hay una gran pluralidad de voces y sensibilidades, y, en conjunto, creo que en el campo de la poesía se respira un nuevo aire de libertad y de ausencia de complejos que a todos nos beneficia.


¿Crees que se corre actualmente con más riesgos estéticos o te parece que por el contrario hay una utilización de recursos de una efectividad ya ampliamente usada y probada?


A veces me sorprende que se hable de ciertos recursos como de algo novedoso, cuando han sido ampliamente utilizados desde el siglo XIX y en la época de las primeras vanguardias europeas y americanas. Creo que lo que se da actualmente es un conocimiento más generalizado de la obra de los grandes poetas europeos y americanos del siglo XX, y una evolución natural de todos los recursos formales heredados de las generaciones anteriores, pero no una gran revolución ni un momento de ruptura estética.

Me da la sensación de que así como vivimos en tiempos de cierto apremio continuo esto se traduce también en una prisa generalizada por publicar, como si importara mucho más la cantidad que la calidad de los textos. ¿Qué piensas de esto?


Yo pienso que publicar, en la época en que vivimos, es muy fácil, y quizá eso hace que lleguen al lector obras que, en otra época, no habrían conseguido abrirse camino. Pero no veo en ello nada negativo, al contrario. Los libros tienen vida propia, que sean ellos los que se labren su futuro, si lo merecen. Está bien que, al menos, gocen de alguna oportunidad. La calidad, al final, termina imponiéndose, y no creo que el exceso de obras publicadas la perjudique.

Tu último libro se titulaba Colores, creo que el siguiente se llamará Rostros ¿Estamos ante un díptico o una posible trilogía?


Rostros es un libro sobre cine, una excursión muy puntual dentro de mi trayectoria poética y que no creo que tenga continuidad. En cuanto a Colores, sí que es cierto que me lo planteé como parte de un proyecto más amplio en el que figurarían otros libros titulados, respectivamente, Texturas, Aromas y Sonidos, pero no sé si esos libros llegarán a ver la luz algún día.

¿Qué es para ti lo contrario de la poesía?


La mezquindad de la expresión, de la imaginación y del corazón.

Para finalizar Ana Isabel ¿Cuáles son tus próximos proyectos?


Tengo varios libros empezados, pero no sé cuál de ellos completaré primero, ni cuándo. No obstante, después de una época de producción muy abundante y casi obsesiva, estoy intentando tomármelo con más calma.


Gracias