Suplemento de poesía de Literaturas.com

REOJOS

YOLANDA CASTAÑO


Entrevista + reseña por Jorge DE ARCO


“La poesía siempre nos ha proporcionado un arma de conocimiento”
Yolanda Castaño


La reciente aparición de su poemario, Libro de la egoísta, (Visor. Madrid, Diciembre, 2006) ha marcado un cambio de rumbo en su trayectoria: de corte más radical, pero pleno de mordacidad y desnuda elegancia. Está considerada como una de las voces más renovadoras e influyentes de la actual lírica gallega. La poesía, confiesa la propia autora, “opera con algo relacionado con el misterio, con la magia; es un mensaje que tira de la inteligencia y trabaja con lo periférico, lo fronterizo”. La intensidad de su decir y la mesura de su madurez poética, revelan el sensual acontecer de una poeta de sugerente lectura e inspiradora feminidad.



ENTREVISTA


Han transcurrido seis años entre la publicación en castellano de Vivimos en el ciclo de las erofanías y este Libro de la egoísta ¿Qué ha cambiado en la poesía de Yolanda Castaño desde entonces?


Tengo la sensación –y parece que no es sólo mía- de que han cambiado bastantes cosas. Mi poesía ya no es tan vitalista, tan impulsiva, tan optimista y lúdica, ni tampoco visito la temática erótica como campo de trabajo para muchos otros ejercicios. Quizá a cambio se haya vuelto más reflexiva, más amarga pero también aún más sincera, se haya enriquecido de algunos matices y haya madurado a la vez. Eso significa a veces cierta pérdida de frescura, es verdad, pero en aras de alguna otra virtud, quiero pensar. He explorado nuevos campos temáticos -con mayor o menor acierto- como el de la propia identidad, y al mismo tiempo me ha tentado experimentar con otros géneros, aún dentro de la poesía.


Para este nuevo poemario has escogido la prosa poética en lugar del verso ¿Encuentras mucha diferencia entre estas dos formas o crees que el proceso creativo es similar en ambos casos?


El formato en el que se presenta el poema, al final, es lo de menos. Una ideal inicial escoge revestir un formato determinado, para comunicar mejor lo que pretende. Puedo tener una idea para un poema-canción y, en otro momento, otra idea para un poema en forma de carta. Escojo la presentación formal o el género que cada idea me pide. Porque quien manda es él, el proyecto poemático, el concepto del poema, que funciona mejor en verso clásico, en prosa poética o con una trascripción más de tipo teatral, como he ensayado en este libro. En el “Libro de la egoísta” había distintas ideas –con un eje temático bastante común- que iban tomando la forma de pequeñas prosas poéticas –como tú bien evidencias-, pero también de preguntas, de un diálogo, de una pequeña pieza casi dramática, de un diario o de un texto epistolar. Esos formatos no impiden que se cuiden los mismos aspectos poéticos del verso más clásico, como el ritmo o las figuras retóricas.


Tu poema más breve dice: “Hacer, de la costumbre, instinto” ¿Podrías definir así tu propia poética?


¡Eso ya sí que sería estupendo! Que verso a verso fuese saliendo casi sin pensar… No, no aspiro a tanto (para mi desgracia creo en el trabajo, incluso aplicado a la literatura, a la que tampoco podría llamar con exactitud de ningún tipo “costumbre”). Más bien se trataba de un pequeñísimo lema para la vida cotidiana, una máxima para ayudar a vivir: que las rutinas de todos los días no las asumamos como un deber impuesto a nuestro pesar, sino que las integremos como si fuese un impulso que nos saliese de dentro. Hacer como si buscásemos –y aún encontrásemos- dentro de nuestro impulso vital ese movimiento como si fuese espontáneo, como si realmente nunca hubiese salido sino de nuestra raíz. Es un poco como lo de desear lo que tienes, y no lo que no tienes. Desde el momento en que aprendes a amar lo que eres, a asumir lo que has decidido y a disfrutar lo que haces, resulta menos duro vivir. De todo eso pretendía hablar el versito.


Este Libro de la egoísta tiene componentes más vanguardistas, más radicales en tu decir. Tu yo lírico parece haberse rebelado y haber dado rienda suelta a muchos de los temas que aún no te habías atrevido a explorar ¿Es este desdoblamiento poético un camino para llegar a conocerte mejor a ti misma?


Conforme nos hacemos mayores y vamos conviviendo más, durante más tiempo y en mayor número de situaciones con nosotros mismos/as, evidentemente nos conocemos más y descubrimos muchas más partes de nosotros/as: las más y las menos favorecidas (como yo en este libro). A los que escribimos (y yo creo que también a los y las que leen), la poesía siempre nos ha proporcionado un arma de conocimiento, tanto de nosotros mismos/a como del mundo. Con la evolución, el ahondamiento ha de ser mayor. Según vamos escribiendo, vamos poniendo en orden –o en desorden- nuestros propios sentimientos e ideas, y eso nos ayuda incluso a saber lo que sentimos o pensamos, que no siempre es algo simple. A veces la poesía sirve precisamente para eso: para poner nombres, palabras, a lo difícil de nombrar, hasta a lo innombrable.


Tu Ciclo de las erofanías se cerraba con un largo poema titulado “Poética del desencanto”. Ahora, sirve como coda de tu nuevo libro una carta en la que escribes: “Por aquí todo sigue corriendo para no sé donde. Como siempre” ¿Hay en verdad, un íntimo desasosiego al hilo de tus textos?


Unas veces se habrá notado más y otras menos, pero creo que ese sentimiento siempre aparece por algún resquicio. De hecho, es uno de los sentimientos más eternos, universales y connaturales al ser humano. Pero quizá también haya sido y sea motor de muchas y grandes cosas. No nos movemos si nada nos acucia y no nos ponemos a pensar -y obrar- si nada nos decepciona. La vida color de rosa sería un aburrimiento.


Días atrás, confesabas en una entrevista: “Felizmente, tras su publicación, este libro comenzó a devolverme en satisfacciones todos los sinsabores”. ¿Tan dura fue la “gestación”?


Este es un libro en el que el “yo” contempla en un espejo sus partes más amables pero también las menos favorecidas. Un libro en el que pretendí desnudarme para encontrarme con las cicatrices que habían quedado, de las heridas, en la piel. También con las manchas de nacimiento, con las pequeñas verrugas y con las varices (para seguir con la metáfora). No es agradable enfrentarnos a ciertas partes de nosotros mismos/as. El proceso de creación fue doloroso y también fueron amargos los primeros pasos que el libro intentó dar –en direcciones erróneas- una vez terminado. De hecho, llegué a pensar que me había equivocado con él, lo metí en un cajón, me comí el disgusto y traté de olvidarlo (esto aún no lo he contado públicamente). Luego fue cuando Galaxia se acercó tan amablemente a mí con la idea de relanzar la colección Dombate de poesía, aquí en Galicia.


Tus dos últimas entregas las has vertido tu misma al castellano ¿te sientes cómoda traduciendo tus propios versos?


Respeto y valoro mucho la opción de los que prefieren ser traducidos/as, pero yo quise aquí que las meteduras de pata fuesen responsabilidad mía (también, acaso, los pequeños aciertos). La traducción en poesía siempre es un problema, pero es un mal necesario. Resulta problemática porque, la forma, forma parte intrínsecamente del producto, y cualquier cambio altera el resultado. De ahí que yo decidiera que, en ese cambio, produjese al menos un poema distinto, pero también mío. Me lo tomo como una cuestión de honestidad para con el lector/a y, a la vez, si te soy sincera, a mí sí me funciona como un ejercicio interesante, el de la traducción. Es un ejercicio literario expresivamente muy productivo, tratando de enfocarlo en positivo.


Eres una de las autoras que más ha ayudado a darle a la lírica gallega un impulso que resultaba muy necesario. Tu actividad como agitadora cultural es incesante. Cuéntanos como ves desde dentro ese proceso regenerador que hay en la poesía del actual mapa de Galicia.


Me parece que la poesía gallega actual vive un momento de exultante salud, con la convivencia de muy diversas generaciones, estilos y registros poéticos. Con una enorme pluralidad de temáticas y enfoques y lo que es mejor: con un altísimo grado de apuesta, de riesgo, de innovación, de experimentación, siempre de la mano de una innegable calidad literaria que –está mal que yo lo diga- nada tiene que envidiar a otras literaturas vecinas- Los poetas gallegos/as o escriben jamás desde una mentalidad provinciana ni muchísimo menos. A la vez caminan con pies de plomo y se lanzan a la piscina. Hay, además, bastantes iniciativas de dinamización literaria que refrescan el panorama. Multitud de autores y de propuestas, premios, publicaciones… sólo falta que fuera exista la voluntad de escucharnos un poquito más.


Yolanda Castaño

Libro de la egoísta

Visor. Madrid, 2006

RESEÑA


Con este Libro de la egoísta, Yolanda Castaño (Santiago de Compostela, 1977), retoma la senda del verso tras un largo paréntesis. Desde el inicio, se adivina en esta nueva entrega un hálito de reflexivo desasosiego, de sombrío intimismo, que se sostiene incesante al par de sus páginas.

Desde lo más profundo del ser, desde “todas las oscuras raigambres que se nacen en mí”, la autora gallega, ahonda en las simas interiores de su existencia, para devolvernos un feraz puñado de sentimientos encontrados. Este desahogo vital, esta fe dubitativa en su propia conciencia (“Mucho dejarse la piel pero yo no quise aprender a llegar”), no es sino la exacta rebeldía con la que reinventar una voz y una lluvia que moje cálidamente la desmemoria de “la que no comprendió nada pero lo sintió todo”.

Visiones míticas, nostálgicas, irrefrenables, deliciosas, turbadoras…, se agolpan como intrépidos destellos desde el alma apesadumbrada. Pues las verdades que va desvistiendo desde sus adentros, mantienen la constancia de adversativas confesiones (“Me desgarro la boca pero no hablo”), que pretenden, en suma, la aprehensión de lo real -sin descartar al yo lírico- : “Yolanda me hará un hogar paupérrimo entres sus brazos de mundo y así aprenderé la inenarrable alegría de tener casa”.

Con una prosa poética surrealizante y sanadora, Yolanda Castaño reflexiona y construye un decir tan personalizado como objetual. Su turbadora semántica ha sabido conquistar un espacio propio, desde el que lector, sabrá hacerse un hueco para contemplar los bellos misterios de su cómplice mirada.

Jorge DE ARCO