Suplemento de poesía de Literaturas.com

EL CANTO DEL GALLO



MARIA IGNATIEVA




María Ignatieva (seudónimo, de Maria Oganissian) nació en Moscú en 1963. Se licenció por la Facultad de Periodismo de la Universidad Lomonosov e hizo el doctorado en hispánicas en la facultad de filología de la misma universidad.Es autora de dos libros de poesía (La fuga,1997, y En cirílico, 2004) y de múltiples poemas publicados en revistas y antologías editadas en Rusia, Estados Unidos, Serbia y Alemania, entre ellas una selección editada en la revista “Znamya”, de gran prestigio en Rusia. Fue finalista del premio “Pushkin in Britain” (2007). Sus poemas están traducidos al español, catalán, inglés, francés y serbio. Pertenece a la Unión de Periodistas y a la Unión de Escritores de Rusia. Además de poeta, Ignatieva es traductora de poesía española, en castellano y catalán.


CADAQUÉS

Aún anda por aquí Dalí, el estrafalario,
Y florecen, engalanados, almendros
Y olivos – leche y gelatina-.
Con marea baja, el Martes de Carnaval
De las flores locuaces desnuda el fondo.

Es el murmullo de cangrejos y moluscos,
El silencio de un ininteligible crujido,
La desnudez de los coágulos ofendidos,
El crisóstomo de un día mediterráneo,
Acaso un susurro, acaso en ruso.


Traducción de Jesús García Gabaldón




RECAREDO VEREDAS




Recaredo Veredas es licenciado en Derecho, Máster de Edición por la Universidad de Salamanca, profesor de creación literaria en Escuela de Letras, lector, editor y corrector en numerosas editoriales, autor del libro de relatos “Pendiente” y el manual de escritura creativa “Cómo escribir un relato y publicarlo”, colaborador del blog “La tormenta en un vaso" www.latormentaenunvaso.blogspot.com. y creador del blog La línea recta www.lalinearecta.blogspot.com. "Nadar en agua helada" es su primer libro de poemas..





Extendí el plano de la ciudad un sábado de lluvia. Él jugaba sobre la hierba, frente a la luz abandonada por los trigales. Sujeté los límites con cinco piedras y tu mano levantó una iglesia con planta griega, cuatro caminos de grava, un depósito de agua, inclinado por el perfil de la tierra. Una mancha de tinta roja anegó la plaza ovalada.



En el borde de la cama, junto a tu cuerpo desnudo. Sujetaba la mañana con cuerdas y clavos mientras la luz descendía sobre las sábanas. Respiraba bocanadas lentas, reteniendo los segundos en el pecho, atemperando la caída del granizo. Las horas cerraron, sin alterar su inercia, el ángulo ciego.


Cada mañana, después del insomnio, señalaba la distancia. Los trigales descendían, hundidos bajo los timbales de la milicia. Tendieron alambres y ropas pardas en todas las llanuras. Sofocaron la profundidad de los valles, vaciaron los sótanos y despejaron los parques. Los niños se escondieron en la sombra de los patios y escribieron sus nombres sobre paredes blancas.





Foto José Javier González. http://laderivadelasombra.blogspot.com/