Suplemento de poesía de Literaturas.com

VISIONES

NN



Julio Espinosa Guerra
GENS Ediciones


Según Mircea Eliade, en la cosmogonía del pueblo Bambara de Mali todo lo que existe está configurado por la vibración de un verbo.
Viene al caso en relación a NN, poemario que mereció el IX Premio hispanoamericano de poesía Sor Juana Inés de la Cruz 2006, y que confirma la trayectoria del poeta chileno Julio Espinosa Guerra. NN es un libro denso, con no pocos momentos de intensidad y vertebrado en cuatro zonas distintas.
En la primera parte, que otorga el nombre a todo el libro, el poeta inquiere en pequeños fragmentos encabezados por las letras del alfabeto sobre cómo la realidad se puede (o se debe) transformar en virtud de su nominación. “Busco en el diccionario / la palabra hoja / y sangra / la hoja.” En este itinerario sin principio ni fin, la palabra configura el mundo, se convierte en el átomo del que están hechas las cosas e incluso conforma la fuerza de su transformación, acaso como si quisiera insinuarse que la palabra, como en el pueblo Bambara, es el alfa y el omega de toda sustancia y de toda ausencia. Al fin, en el último poema llamado también NN descubrimos el por qué de tan enigmático título, la muerte señalando que ya es demasiado tarde, siempre tarde, “Un viejo que se muere / sin nombre sin memoria sin lenguaje / es Nada para Nadie.”
La segunda parte, Agua, es un único poema fragmentado en pequeños segmentos donde el líquido metaforiza el capricho de la realidad, su entrecortada presentación entre redes (electrónicas o no) que la constriñen pero que no la impiden fluir. Hay en Agua una suerte de pequeño itinerario que nos lleva desde las extensiones de un río (a modo de tiempo) y un océano (a modo de espacio) hasta las profundidades de la bañera, a la orilla inalcanzable por encontrarse acaso dentro de nosotros “para al final descubrir / que debajo del río / hay otro río. Este / imposible de cruzar”.
La tercera zona denominada, Muestrario, son 12 poemas con una sutil vocación admonitoria. En la trayectoria poética de Julio Espinosa, y en la misma primera parte de este libro, aparece cierta vertiente gnómica, relacionada, tal vez, con la ausencia o la degeneración (a veces interesada) de la palabra poética, pero es aquí donde en un fondo de pantalla entomológico, esto se observa mejor: “Abres este libro / repleto de insectos / que comienzan a perder las alas.” En estos poemas, el insecto no es únicamente esos grillos machadianos “que cantan a la luna”, sino también la carcoma interminable de la realidad sobre la palabra, la necesidad a menudo infructuosa de volver a nombrar las cosas para desentrañarlas o detener su progresiva carencia.
La cuarta y última parte del libro se llama Currículum Vital donde, en una suerte de minúscula autobiografía, cada poema condensa los años que es de suponer fueron marcados a fuego por un instante o un acontecimiento, una emoción fingida o no, que en virtud de la palabra, Espinosa trata de recuperar como verdad esencial más que biográfica. Lamentablemente este intento no se ve recompensado por la calidad del resultado, al tiempo que la evidente diferencia casi argumental con las partes precedentes rompe el tono general y abre al lector la sospecha de que estos poemas hayan sido rescatados de algún otro lugar, o bien incluidos a posteriori en el libro por algún motivo personal o editorial.
A pesar de este altibajo, NN es un poemario que en su homogénea diversidad intenta recuperar la poesía como forma de dar a luz el mundo, que la palabra (como en no pocos mitos) descubra la realidad y acaso con ello nos muestre un camino más sabio o más humano.

© Miguel Ángel Gara


El origen de la simetría






María Salvador
Icaria 2007.

El origen de la simetría es el primer libro de María Salvador (Granada, 1986). Su título, espléndidamente elegido, nos orienta y nos desorienta a un tiempo. Aquí la palabra “simetría” no evoca la garantía de un orden cósmico. Ni siquiera la certeza de un arte que consolara de los azares de la existencia. Por el contrario, es un enigma que la autora nos invita a desentrañar y que, en cada poema, se nos muestra más oscuro, más desasosegante. A la postre, pareciera que el origen de la simetría es su opuesto. Como en el mito personal de la autora, Caín y Abel que se enfrentan dentro del mismo ser, estamos condenados a vivir “buscando ese dolor,/origen de la simetría”.
Ya en este primer libro, la autora da muestras de contar con un mundo propio. No importa que ese mundo se haya nutrido de alimentos en apariencia tan dispares como Mozart o los Smashing Pumpkins, Miguel Ángel o la escritura de filiación vanguardista. Lo fundamental es que estos poemas nacen de una necesidad que los unifica, de una misma mirada en diálogo con el mundo.
No poca importancia tiene, en el entramado simbólico del libro, la presencia del cuerpo. Incluso los poemas en prosa de la primera sección, “Cristalografía” (“Mármol”, “Obsidiana”, “Jade”, “Cuarzo”...) parecen dibujar sorprendentes correspondencias entre lo animado y lo inanimado, entre lo mineral y la materia viva. El cuerpo en El origen de la simetría es evidencia, presencia ineludible, pero se trata de una presencia enigmática. Hacerse cargo de nuestra realidad corporal es preguntarnos quiénes somos, cuál es nuestra debilidad y nuestra fuerza, porque nuestros cuerpos se buscan en el deseo, en la ternura, pero también en la violencia, en una doble atracción hacia la vida y hacia la muerte.
La violencia (que da título a la segunda sección pero que permea, con su inquietante presencia, todo el poemario) difícilmente puede agotarse la pareja mítica de quien da muerte a su propio hermano. Por ello, María Salvador deconstruye la referencia bíblica para preguntarse si esa violencia anima en nuestro interior, si no hay un Caín dentro de cada Abel... y viceversa: “Nadie sabrá jamás/ qué fue del alma de Caín,/ cuál fue el lugar del último destierro”. La violencia se plasma en escenarios muy concretos, como el de Ciudad Juarez o el recuerdo del 11 de marzo, pero trasciende toda concreción para convertirse en una pregunta muda que sigue interrogándonos desde nuestra propia interioridad. Los crímenes no prescriben fácilmente (“la policía halla cuarenta y tres cadáveres/ con los ojos abiertos tras la venda”) y la memoria, personal y colectiva, guarda el dolor del recuerdo como una advertencia frente a la rueda sangrienta de la Historia. Sin embargo, hay también un deseo de liberación, como esas mariposas que “tejen sus propias alas”, cercadas siempre por presencias opresivas, pero que parecieran sostener, contra toda evidencia, la hipótesis del vuelo, la necesidad de al menos dejar espacio a la voz, aunque ésta se resuelva en grito o aunque la palabra apenas pueda soportar, en su frágil textura, el dolor insomne de los cuerpos: “escritura sin tinta,/ memoria que prolonga/el vuelo de la mariposa/ en la burbuja/ que ahora le contiene-”.


© José Luis Gómez Toré



Continente perdido





Natan Zach
Editorial Visor


Hay poetas, o artistas en general, que al descubrirlos uno se pregunta cómo es que no los ha conocido antes. Este caso ha sido para quien esto escribe el de Natan Zack, cuya poesía, traducida (según parece por primera vez al castellano) por el profesor y poeta Jenaro Talens, se ha editado en antología por la editorial Visor. Zack es un poeta de una calidad tal, que uno cierra el libro con asombro, y no a causa de su palabra deslumbrante ni de su proyección vanguardista ni de su fuerza lírica capaz de construir el mundo en un poema. Si no más bien porque es un poeta cuyas evocaciones, cuyos recuerdos, cuyas iluminaciones, sin dejar de ser muy propias, pretenden pertenecer a todos los tiempos y diría incluso que a todos los lugares, por eso resultan tan cercanas sin dejar de ser ajenas. Y lo mejor es que el poeta consuma esa pretensión (tan legítima y tan fácil en apariencia pero en verdad tan difícil) en no pocos poemas.
Natan Zack nacido en 1930 en Alemania, de padre alemán y madre italiana, fue de los “afortunados” que huyeron del horror que se coagulaba en Europa para establecerse con su familia en el estado de Israel, donde tampoco les estaba esperando precisamente el Paraíso. Al cabo, después de viajes y exilios por tierras británicas acabó regresando a su país de adopción, donde aún vive.
Todos los conocimientos vitales que puede otorgar una diáspora física y espiritual se reflejan bien en la obra de Zack, un poeta profundamente judío que no deja de ser también profundamente mundial, en el sentido de ciudadano del mundo. De hecho fue uno de los primeros que ayudaron a revitalizar la lengua hebrea (reconstruida prácticamente desde los textos antiguos) utilizando expresiones coloquiales pero sin renunciar tampoco a incorporar en ocasiones la cita (irónica o no) del personaje o del suceso bíblico.
El modus operandi de Zack es, en gran medida, el poema dramatizado, es decir, uno o varios personajes que se extienden en el poema a veces de manera dialéctica, a veces llevando el peso del desarrollo poemático, sin que sus parlamentos resulten nunca cargantes ni demasiado explícitos, como dice Jenaro Talens en su condensado prólogo: “...captados en su más concreta apariencia de realidad viva, como tranches de vie entresacadas del devenir de una existencia exterior al poema”
El poeta siente sus pérdidas en cabeza ajena, “Y el otoño provoca en ti la fruta del lamento”, o en un mundo que dista de ser perfecto a pesar de su aparente redondez, “Luna llena. El dolor de la tierra gira en torno. Mes de octubre.” nos encontramos con lo perecedero, con el otoño que siempre amenaza con una (¿necesaria?) descomposición, pero también con el ciclo, con la certidumbre nada tranquilizadora de que las cosas son como son.
Como bien dice también en su prólogo Talens, en la poesía de Zack, que tiende en principio a la elegía, descubrimos al fin un optimismo que quizá crece desde el lenguaje más que desde el convencimiento. Y es que, como han dicho muchos, toda poesía, aún la poesía más soturna es un acontecimiento de celebración. En el caso de Zack, celebración también por el encuentro con su estupenda obra.